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Eduardo Chadwick: ¿quiere ser el Mondavi chileno?

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Eduardo Chadwick es presidente de la conocida bodega chilena Errazúriz, y está considerado como uno de los principales productores de vino del Nuevo Mundo. La colaboradora de Vinum Eva Zwahlen le preguntó sobre las últimas tendencias de la vinicultura en Chile.

¿Por qué debería beber vinos chilenos un aficionado europeo?
Los vinos de Chile son inconfundibles. Chile es un auténtico paraíso vinícola. En ningún otro lugar existen unas condiciones tan extraordinarias. El clima de tipo mediterráneo -con pocas lluvias durante el periodo de vegetación y grandes diferencias térmicas entre el día y la noche- resulta ideal para la maduración de las uvas. La podredumbre, el mildíu o la filoxera son absolutamente desconocidos en nuestro país. Por eso, Chile es el único lugar del mundo donde realmente se practica la vinicultura orgánica. Por ejemplo, aquí sólo se aplica azufre dos veces al año, frente a las 10 ó más de Burdeos.

¿Y los suelos?
También son óptimos y muy variados: granito, suelos arcillosos y calcáreos, arena, grava... cada variedad encuentra su terreno idóneo. Cada uno de los famosos valles vinícolas de Chile –para los tintos, Aconcagua, Maipo y Rapel– presenta sus propias condiciones de suelos y clima. Sin pretender ser inmodesto, es indudable que las condiciones son mejores aquí que en Burdeos.

¿Quiere decir que Chile produce mejores vinos que Burdeos?
No, naturalmente. Pero Burdeos tiene una tradición vinícola de 250 años, y nosotros sólo llevamos 10 ó 15 años haciendo vinicultura de calidad. Además de clima y suelos hacen falta más cosas para producir vinos de alto nivel: técnica moderna, voluntad y pasión. En Chile existe un pequeño grupo que cumple todos esos requisitos. No en vano son muchas las casas de vinos y grandes figuras extranjeras que se han implicado en Chile, como Robert Mondavi, Bruno Prats, Michel Rolland, Lafite o Mouton-Rothschild.

Pero con los vinos pasa como con la moda: desaparecen tan rápido como surgieron...
Nuestros vinos no son un fenómeno de moda. Nuestros productos de calidad poseen personalidad: ya existen bastantes vinos de mesa sencillos, entre ellos también chilenos.

¿Qué es lo inconfundible de sus vinos?
No queremos limitarnos a copiar a Burdeos o a California, sino que queremos combinar la elegancia de Burdeos con la frutosidad de California o Australia. Como nuestro clima es más cálido que el de Burdeos, pero más fresco que el californiano y significativamente más fresco que el australiano, nuestros vinos no son bombas de frutas exóticas, sino vinos equilibrados que aúnan la finura con una frutosidad seductora. Estoy convencido
zde que ese estilo se impondrá.

¿A qué se debe entonces esa impresión de uniformidad que a menudo transmiten los vinos chilenos?
Como en todas partes, también en Chile existe una pirámide de calidades, e inicialmente los vinos que llegaban al mercado europeo eran sobre todo los más sencillos, con su excelente relación calidad-precio. Pero ocurre que la mayoría de los aficionados europeos al vino no conocen Chile. Por ejemplo, casi nadie sabe que también aquí cada añada es diferente, aunque las diferencias nunca son cualitativamente tan importantes como en Burdeos. Los años cálidos y secos como 1995, 1997 y 1999 dan lugar a vinos vigorosos, muy marcados por la fruta, mientras que en años frescos como 1996 ó 1998 dominan más bien la elegancia y la finura.

En Chile existe una variedad de uva que no es fácil de encontrar en otras zonas, la Carmenère. ¿Podría llegar a representar el papel que la Malbec tiene en Argentina?
Desde luego. Originalmente, la Carmenère –como la Malbec– es una variedad bordelesa que se empleaba hasta la llegada de la filoxera. En Chile se solía plantar junto con Merlot, porque se la consideraba, por error, un clon de ésta. La Carmenère es difícil de cultivar, necesita mucho sol y es propensa al corrimiento de la flor. Si la madurez es insuficiente, dominan los aromas verdes. Por eso ya no se cultiva en Burdeos. Sin embargo, aquí proporciona un vino muy especiado y seductor, con taninos redondos y suaves y poca acidez. Generalmente empleamos esta variedad en mezclas, pero con la añada del 2000 produciremos por primera vez un Carmenère monovarietal.

En Europa se le considera a usted como el productor chileno por excelencia. ¿Quiere convertirse en el Robert Mondavi de Chile?
(Risas). En Chile hay cuatro grandes casas de vinos que cotizan en bolsa y producen vinos llamados «de negocios»: Santa Rita, Santa Carolina, Concha y Toro y San Pedro. Estas bodegas son dirigidas por gente muy capaz. Además, unas pocas empresas familiares, como Errazúriz o también Montes o Casa Lapostolle, por ejemplo, apuestan por el segmento de máxima calidad y trabajan para establecerse en el mercado mundial. Sin embargo, se habla de la formación de un pequeño grupo, que podría apoyar esos esfuerzos.
El buque insignia de Errazúriz, el Cabernet Sauvignon Don Maximiniano, se ha visto algo eclipsado por el Sena.
Mire, esto es como cuando uno tiene dos niños: los quiere a ambos. El Don Maximiniano es el mejor vino de Errazúriz. El Sena, en el que participamos al 50% junto con Mondavi, se obtiene a partir de otras variedades (Cabernet Sauvignon, Carmenère y Merlot) y encarna nuestro ideal conjunto de vino de bandera, igual que el Opus One simboliza la filosofía de las casas Mondavi y Rothschild. Cuando Bob Mondavi vino por primera vez a Chile, le recordó al Napa Valley. Reconoció el enorme potencial en gran medida no aprovechado, y naturalmente lo sintió como un reto. Pero hay otros vinos chilenos realmente grandes, como el Don Melchor o el Almaviva, los dos del valle del Maipo, o el Montes Alpha M de Rapel.
La gran masa de vinos chilenos convence entre otras cosas por sus precios atractivos. Pero los de máximo nivel ya se están pagando a precios de 8.000 pesetas y más.
Chile no sólo ofrece vinos muy económicos, sino también la mejor relación calidad-precio en los vinos de máxima categoría. Es difícil predecir la evolución de los precios. Desde luego, estamos bien posicionados, y un precio de 50 dólares por nuestros vinos más interesantes me parece absolutamente razonable. Al fin y al cabo, en las catas a ciegas los mejores vinos chilenos siempre obtienen muy buenos resultados, incluso frente a vinos de Burdeos o de la Toscana (por ejemplo, el Sassicaia).

El cambio fulgurante de la vinicultura chilena

Eduardo Chadwick es presidente de Errazúriz, una de las principales bodegas chilenas. Fundada en 1870, hoy abarca cinco zonas de cultivo. Desde 1996, este pionero produce junto con el californiano Robert Mondavi los vinos de la finca Caliterra; en 1998 lanzaron al mercado su hijo común «Sena», un vino de la máxima categoría.

¿Es Burdeos su gran modelo?
No. Para mí, la región vinícola ideal es Chile... Pero Burdeos fue una experiencia clave para mí. En 1985, mi padre me envío a Burdeos, y aquello me abrió los ojos. Entonces comprendí que la tecnología debía cambiar en Chile. Eso ya ha ocurrido. Si se piensa en el cambio de la vinicultura chilena en 15 años, puede uno mirar el futuro con bastante optimismo. Y preguntarse cómo resultará una comparación entre Burdeos y Chile dentro de 50 años...

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