BODEGAEJEMPLAR
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Ellos ya estaban allí. Los primeros cazadores, las primeras presas, las encinas centenarias, algún almendro... Ahora lo mas difícil es no molestar, no perturbar ni siguiera al paisaje o a los cantos rodados que trajo allí algún glaciar terciario. En esa paz sin tiempo está acabando de madurar la uva.

P az, pero no silencio. El guardián de la viña es el ruido, las bulliciosas grabaciones de cotorreo que se van alternando de una a otra encina, las sonoras explosiones de los cañones de gas que alejan de los golosos racimos a los pájaros. Y así será –no hay más remedio– hasta que concluya la vendimia, hasta que el último grano de uva entre en la bodega. Entonces callarán el cielo y la tierra, y los restos abandonados en cada cepa serán su gran festín.

Cultivar en una finca que es reserva de biodiversidad tiene muchas satisfacciones, pero exige un cuidado exquisito. Esta ha sido una de las grandes fincas de caza de Albacete, de La Mancha, que es la gran reserva cinegética de este país. Un espacio privilegiado de 3.000 hectáreas que hace algo mas de 15 años se convirtió en lugar elegido para crear un viñedo único de la familia de Alfredo Gómez Torres y Gómez Trenor, una familia que constituye un grupo económico diversificado, con cítricos en Andalucía y Valencia, arroz en Valencia y el jamón ibérico Extrem Puro Extremadura. Así, algunas parcelas de Dehesa de Luna se han ido aplicando con mimo a nuevas experiencias. De las 3.000 hectáreas, grosso modo, más de 1.000 siguen siendo monte intocado, sin más intervención que unos bebederos para las perdices y unos majanos para los conejos. Un deslumbrante paisaje donde acaba la cuenca del Júcar y empieza la del Guadiana, la tierra se eleva y se hace amena hacia Campo de Montiel. La Morra, el otero límite, coronado por una torre vigía, alcanza los 960 metros y se alza sobre un yacimiento ibero.

Otras 1.000 hectáreas están en un largo proceso de reforestación, sobre todo con encinas. Y las restantes, poco a poco, se cubren de cultivo ecológico de secano: cereal, olivo y almendro en secano, y viña con riego muy comedido. Desde 2005, el campo está al cuidado de José Luis Asenjo, ingeniero agrónomo, la misma formación que tiene la enóloga, Silvia Burruezo, con quien comparte la responsabilidad de la bodega. Son la cabeza de un equipo joven que derrocha entusiasmo al ver florecer de tierra sus ilusiones y sus concienzudos experimentos. El primero fue la viña, que, en pos del vino propio de alta calidad, está distribuida con una estudiada selección de terrenos y alturas, de variedades y clones, respetando también la ecología y la estética del terreno: las cañadas, las lomas y su ventilación. Es una minimez de la finca, apenas 83 hectáreas plantadas con un minucioso análisis de las orientaciones y los horarios del sol y las estaciones, de los marcos de plantación y los sistemas de conducción, desde la espaldera clásica a la fórmula no posicionada libre o la sprawl (desparramada) al ejemplo californiano.

En el mosaico de líneas verdes y cruces de camino blanquecinos tienen cabida las variedades locales y las foráneas mejor adaptadas a la zona en plena experimentación: Syrah, Cabernet, Sauvignon, Tempranillo, Graciano, Petit Verdot...

Nada se ha dejado al azar, de modo que les gusta calificar su viticultura y su enología de “causal”, donde todo tiene su razón de ser, donde se puede explicar la causa de cada decisión. Por ejemplo, resulta sorprendente que en una bodega generosa en espacio y en inversión, vestida con tecnología puntera y las mejores maderas para crianza no exista una sala de embotellado. Quizá mañana sí, pero hoy piensan que son muy pocas fechas en las que se utiliza, que la maquinaria se queda obsoleta pronto, porque hay muchos adelantos técnicos que mejoran día a día la calidad y, sobre todo que así, contratando máquinas y equipo muy especializado por unas fechas, se obligan a la precisión de tener todo en su punto ese día.

Nada se ha dejado al azar, pero nada es mecánico, sino que deja lugar al sueño y a la poesía que el vino requiere, a asociar la ligereza de un vino al vuelo del ave que le presta imagen en la etiqueta, a comparar su alegría con un trino, su opulencia con la ingravidez milagrosa de una rapaz de las tantas que surcan el cielo a cada rato.

Esa combinación es la que abre las puertas del visitante al enorniturismo, la fórmula de recepción que inauguran este otoño, con visita guiada a esta finca privilegiada para observación de aves y después a la bodega y el comedor para conocer y disfrutar sus vinos: el amplio Garnacha Blanca, la viveza del Graciano criado en barricas de 500 litros, la personalidad del Orígenes y la plenitud del Gran Luna y el Purgapecados. Y todo en la naturaleza en plenitud.

 

DEHESA DE LUNA

Ctra. CM-316, Km 16. 02630 La Roda (Albacete)

Tel. 967 548 508

www.dehesadeluna.com

Facebook: @bodega.dehesa.de.luna

Twitter: @DehesaDeLuna

Instagram: @bodegadehesadeluna

 

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