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El canto del grillo

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Por fin, tras el interminable veranillo, tras la amenazante sequía, el campo está pardeando. Y cuando las cepas se visten de otoño el paisaje del Somontano estrena una fiesta de color. Y el edificio de la bodega El Grillo y la Luna, los hermosos tonos de óxido que cubren la solidez del hormigón, se mimetizan con la viña que lo envuelve. Y dentro, la vendimia convertida en vino respira paz, mecida por el cri-cri de los grillos.

E s una bodega preciosa, de tamaño humano, de filosofía minimalista, de principios más razonablemente respetuosos que rígidamente ecológicos, sin tolvas, sin embotelladora, sin prisas. Sobre todo, sin prisas. Cuando la vorágine de la vendimia agita los campos vecinos y los viticultores de la casa empiezan a inquietarse, Beko, el enólogo, sigue paseando a diario por las viñas y catando uvas. Y puede que aún sea el momento de deshojar para atrapar el sol y favorecer la madurez, hasta que incluso dos semanas después de que todos han acabado, él considera que la uva está en su punto, desde la piel a la semilla. Y ahí comienza su vendimia: manual, en cajitas de 12 kilos que cuando llegan a la bodega se vuelcan en las mesas de selección una a una y se revisan grano a grano.

“Si la uva llega así, el vino se hace solo”. Esos son sus principios, aunque es cierto que la bodega cuenta con todo lo necesario para que se haga bien. Antonio, el propietario, ha regresado a su tierra con un proyecto familiar que viene a ser, “modestamente”, hacer el mejor vino del Somontano, y cada detalle está planteado con ese fin. Desde el asesoramiento básico de Michel Rolland, considerado el mejor conocedor de vinos y viñas del mundo, hasta la selección de los fudres de roble francés donde se desarrolla la maceración y vinificación, o el vestido de los vinos, esas elegantes botellas oscuras sin más que el pulcro grillo que llaman la atención en cualquier lineal o en cualquier feria nacional o extranjera.


De la tierra al mundo

No es raro que desde la primera cosecha, la de 2007, hasta ahora, las ventas se hayan dirigido mayoritariamente a la exportación, desde Canadá a México, Suiza, Taiwán y, como objetivo en ciernes, China y Japón. Es algo que está cambiando, tanto por la búsqueda de un equilibrio como por la creciente aceptación de sus vinos en el mercado interior a medida que se van dando a conocer, algo a lo que sin duda ayudará la reciente puesta en marcha de su tienda on line.

En el centro de una de las cinco viñas elegidas por todo el Somontano, en terreno seleccionado con primor por orientación, aireación, humedad, drenaje... nació la bodega, con el estilo château, es decir, envuelta en viña. No solo por evidente estética, sino para abreviar el transporte como una de las premisas en el proceso integral de una viticultura natural. Con el tiempo han comprobado cuáles de esas premisas eran fundamentales en el vino y en la tierra. Así, por ejemplo, continúan arando un par fincas a caballo, una de Cabernet Sauvignon y otra de Syrah, para conseguir que la tierra no se apisone, para favorecer la aireación y la vida de los habitantes: los topos, los gusanillos... Y con el mismo fin mantienen el deshojado, el aclareo y la vendimia manual. Y se realiza la selección manual de racimos, como se selecciona manualmente el grano después del despalillado. Los procesos de maceración –criomaceración fermentativa, es decir, con hielo– y fermentación alcohólica se realizan en fudres de roble francés donde se vinifica cada variedad por separado, con remontados diarios y, después, en barricas nuevas de roble francés esperan pacientemente la fermentación maloláctica y emprenden la crianza. ¿Por cuánto tiempo? Depende del propio vino, no hay pautas previas sino catas exigentes. De hecho, las botellas no indican el tiempo de guarda, que según cada variedad, cada parcela y cada añada puede prolongarse entre 12 y 16 meses.

Elaboran dos líneas de vino: El Grillo –en la propia bodega y con el mayor lujo de detalles– y 12 Lunas, vinos jóvenes y frescos, incluso descarados, que mantienen viva la esencia de la uva y que consiguieron la Medalla de Oro en el Concours de Bruselas. Es con la gama El Grillo con la que se intenta marcar la diferencia con el resto de bodegas. Son vinificaciones especiales para lograr vinos aromáticos, elegantes y con carácter: Grillo, el blanco Canto Cri Cri (Chardonnay fermentado en barrica), Hop Hop y Súper Grillo, el vino top de la bodega, elaborado con Cabernet de la finca arada a caballo.

Cada uno es un ejemplo de la mejor viticultura, de la mejor y más respetuosa enología en una región donde el vino es centro de vida y aún tiene mucho por decir.

Bodega El Grillo y la Luna

Carretera de Berbegal · A-1226 Km. 2,5 22300 Barbastro (Huesca)

www.elgrilloylaluna.com

Tel. 974 269 188

Twitter: @ElGrilloylaLuna

Facebook: @elgrilloylaluna

Instagram: @elgrilloylaluna

Modificado por última vez en
Ana Lorente

Subdirectora MiVino

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