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“Ver trabajar estas máquinas es impresionante. Se trata de un vehículo de tamaño descomunal que alumbra con sus faros los lineales de viñas de uva Verdejo, la variedad más habitual en la zona… De noche, los faros de la máquina impresionan y cuando el vehículo se acerca, la zona interior situada entre las enormes ruedas parece una enorme boca. La pericia del operario sitúa la espaldera en el centro y un sistema de vibración hace que los racimos se agiten. La máquina recoge las uvas que se desgranan y los racimos quedan pelados como raspas en la propia planta.” Así define alguien de primera mano la vendimia nocturna de nuestros queridos amigos de Yllera, en Rueda. Quizá de los primeros en practicar este invento en la zona. ¿Por qué? ¿Para qué?

Texto: Ana Lorente / Foto: Heinz Hebeisen

Es tiempo de vendimia, de recolección, de cosecha. La uva ha completado ese tiempo mágico en tecnicolor que se llama envero. Es cuando el racimo verdoso empieza a madurar a ojos vista. Grano a grano, el verde se va convirtiendo en dorado, en uva blanca y, de forma mucho más espectacular, en todos los tonos de rosa, rojo, purpura, rubí, granate, violeta, morado… en las uvas tintas. Grano a grano. De modo que el racimo es una sorprendente gama de colores, una explosión loca, caprichosa, que indica a simple vista que la madurez está en marcha. Es verdad que la madurez real, el contenido de azúcar que indica cuándo la uva debe ser vendimiada, se mide, actualmente, en cifras mucho más precisas que el color exterior, analizando el estado de los pipos, de los huesitos de los granos.

Cuando los responsables de campo encuentran en sus análisis que es el momento ideal, dan el pistoletazo de salida para la vendimia de cada uva y de cada viña.

La vendimia es el momento más importante del año, donde todos los cuidados dan su fruto, donde todos los errores de decisión o accidentes naturales -lluvia, heladas, sequía intempestiva…- van a dejar su huella.

Y la vendimia llega en agosto o septiembre, es decir, con el sol está aún en pleno vigor, calentando sin piedad las uvas durante el día. Eso es perfecto para que maduren, pero es un peligro para los racimos cortados que deben llegar de la viña a la bodega en perfecto estado, sin que amenacen con empezar a fermentar en el camino.

La forma de evitarlo es recolectar en las horas más frescas, pero al amanecer las uvas están húmedas y pueden pudrirse, desarrollar hongos, de modo que algunas bodegas eligen vendimiar de noche, por supuesto, con cosechadoras mecánicas, en un especáculo impresionante, tal como hemos descrito en la introducción.

Las ventajas están claras, el inconveniente es que ni la delicadeza ni la selección de frutos puede ser tan puntillosa como en una vendimia manual y, por supuesto, que la máquina se adapta mucho mejor a terrenos bastante llanos cultivados en espaldera. Sopesar y decidir es la función del bodeguero, pero lo cierto es que cada vez más la noche en las zonas vinícolas se viste de luz.

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