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Georgia no se rinde

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Este país de Europa del Este, de gran tradición en vinicultura, en los últimos años ha influido bastante en la elaboración del vino en los países occidentales. Y es que los georgianos han soportado muchas cosas: guerra civil, terremotos, embargo y una breve guerra unilateral contra Rusia. ¿Cómo lo han superado? ¿En qué situación se halla hoy la vinicultura? 

Texto: Rudolf Knoll

 

¿Es posible envejecer mil años en algo más de diez? Georgia sí puede. Al menos, indirectamente. A finales de 2003, VINUM visitó este país al este del Mar Negro y describió variedades de uva poco habituales como Saperavi, Rkatsiteli y Mtsvane, conoció la crianza en ánforas y su rica historia. Allí nos contaron orgullosos que Georgia era el país vinicultor más antiguo del mundo y, como prueba, nos mostraron hallazgos de pepitas de uva de hace 7.000 años. Ahora hemos vuelto a visitar el país para saber qué había aportado la Revolución de las Rosas de noviembre de 2003 a un país entonces aún cubierto de cicatrices de los terremotos y de una guerra civil, qué consecuencias había tenido la guerra con Rusia en agosto de 2008 y de qué modo se seguía invirtiendo en vinicultura, a pesar de todo.

Lo primero que nos llamó la atención fue el texto del material publicitario: “8.000 años de vinicultura en Georgia”. Parece ser que los resultados de las últimas investigaciones han motivado esta corrección. Pues vale. El hecho es que las cosas han cambiado mucho en Georgia. Cuando en 2003 inspeccionamos las ánforas de un sencillo campesino, aún las llamaba kvevri y hablaba de un milenario “método kajético”, sin más aspavientos. Ahora, estos recipientes se llaman qvevri porque la primera letra recuerda a la forma ahuevada de estas ánforas. Desde diciembre de 2013 forman parte de la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, como las danzas tradicionales y los idiomas especiales. En el mundillo del vino internacional, en pocos años casi han alcanzado el estatus de culto. Los orange wines son parte de este movimiento.

Pero en el caso de muchos productores que se aventuran a una larga maceración en estas ánforas, es evidente que les falta la experiencia y el instinto de los georgianos. Sus vinos hechos en qvevri, aunque algo inusuales –los blancos con un color subido, notas de jerez en el aroma y perceptibles tonos amargos–, poseen una tensa emoción y expresión en el sabor. No todos iban a ser un placer sin reservas solo porque las empresas que antes empleaban acero, cemento y madera ahora trabajen con qvevri. Por eso es bueno que el punto fuerte de la producción vinícola georgiana siga siendo la vinificación clásica.

¿Qué más ha cambiado? En el campo, prácticamente nada: igual que antaño, uno se siente transportado al siglo XIX. Y hay muchas casas vacías en los pueblos más pobres. Pero en el este, la ciudad de Telavi, de 22.000 habitantes, ahora es la capital vinícola de Georgia, porque aproximadamente un tercio de la vinicultura del país se concentra en Kajetia. Allí hay una universidad fundada en 1999 en la que también se imparte enología.

 

Semejanza con Viena

La mayoría de las huellas del cambio se perciben en la capital, Tiflis. En 2002, un terremoto destruyó alrededor de diez mil casas. Se ha podido reconstruir gran número de ellas, sobre todo en el centro. Entre 2004 y 2013, en la era del presidente proamericano Michail Saakashvili, se les sumó toda una serie de edificios de prestigio, el más impresionante el ostentoso Palacio Presidencial que domina la ciudad desde lo alto, rematado por una cúpula de cristal en forma de huevo. El bulevar Rustaveli, con sus numerosos edificios suntuosos, recuerda a Viena. Las calles por las que antes había que circular en zigzag para evitar los baches están arregladas. Todas las mañanas y tardes, en hora punta, en el centro se arremolina el tráfico. Entre las marcas de coches, destaca el elevado porcentaje de vehículos Ford. “Es nuestra marca principal”, comenta un joven georgiano, “pero la mayoría son del año 1992”. Una autopista de seis carriles dedicada George W. Bush nos lleva al centro desde el aeropuerto. Situado a 20 kilómetros al este, el aeropuerto se reformó y amplió en 2006, y está gestionado por una empresa turca. Quizá sea ésta la explicación de que las mejores combinaciones de vuelos sean con líneas turcas, a diferencia de por ejemplo Lufthansa, que se ve obligada a realizar sus despegues y aterrizajes de noche. En Tiflis hay una asociación cuyo objetivo es fomentar la vinicultura del país. Dirige los negocios de la Georgia Wine Association Tina Kezeli, muy comprometida desde hace años, que ahora gestiona a 30 miembros responsables de la mayor parte de la producción. Algunas de estas bodegas se han fundado hace pocos años. Empresas como la inversora alemana Schuchmann y Château Mukhrani (de propietario sueco) se han desarrollado muy bien, aunque los comienzos fueron difíciles. Y en 2006, Rusia declaró un embargo a los productos agrícolas de Georgia, lo que afectó especialmente a la vinicultura, ya que su gran vecino era su mayor mercado de exportación con diferencia (hasta un 80 por ciento), como ya lo fue en tiempos de la Unión Soviética. De casi 70.000 hectáreas, la superficie de viña descendió a las 40.000 actuales, y una serie de bodegas desapareció del mapa. Pero ahora el embargo, de índole política, ya es cosa del pasado y no ha sido perjudicial en todos los aspectos, ya que obligó a la industria del vino a buscar nuevos mercados. Y los encontró en Ucrania, Kazajistán, Bielorrusia, Polonia, Letonia y China. Entre los importadores de Occidente, Alemania y Estados Unidos se sitúan en los puestos 10 y 12, respectivamente, pero con tan sólo 285.000 y 190.000 botellas.

 

De nuevo, problemas con Rusia

En los dos últimos años, Rusia ha vuelto a ser un buen cliente y, desde entonces, sigue a la cabeza con holgura. Los georgianos se han lanzado con euforia a su viejo nuevo mercado. En 2014, el poderoso vecino suponía casi el 64 por ciento de las exportaciones con casi 38 millones de botellas, 15 millones más que en 2013. Pero últimamente han sufrido otro jarro de agua fría, pues a Moscú le está fallando la capacidad de pago en dólares, como estaba acordado, y su segundo comprador más importante, Ucrania (casi 12 millones de botellas en 2013, apenas 7,7 millones en 2014) actualmente tiene otras preocupaciones.

Así, el Occidente europeo vuelve a estar una vez más en su punto de mira. Se espera un aumento continuado del turismo. Y, con la ayuda de Alemania, pretenden reforzar la exportación de vinos a Europa Occidental y América. Lleva la batuta la Sociedad para la Cooperación Internacional (GIZ, por sus siglas en alemán). Tiene intención de unírsele la Oficina del Land de Baviera para Vinicultura en Veitshöchheim. Pero, a fin de cuentas, todo se concentra en una persona con experiencia en el trato con esa tierra y sus gentes: Hilarius Pütz, de 63 años, técnico en vinicultura y gestión de bodega oriundo de Wiltingen (Alemania) que trabajó muchos años en puestos directivos de bodegas en Alemania y Suiza, montó una bodega de espumosos en Moldavia y después fue consultor en países vinícolas del este de Europa. En 2007 ascendió a responsable de la bodega de champán Bagratoni en Tiflis, que entonces todavía no tenía parcelas de viña propias. Cuando Pütz se despidió a finales del año 2014, dejó la empresa con 250 hectáreas de viñedo y un vivero de cepas propio.

 


Siguiendo el modelo alemán

Su próximo plan es montar un centro de competencia en vinos donde se asesorará a los vinicultores y se formarán las nuevas generaciones. También dispondrá de un laboratorio para garantizar la calidad del vino para la exportación. Además, este comprometido profesional tiene la intención de establecer, con un equipo de expertos, un control del vino siguiendo el modelo alemán: registro del volumen de cosecha y control de la pureza varietal de la uva en las existencias. También planea un catastro de la producción de vinos en qvevri. Y cuando le queda tiempo, pronuncia conferencias sobre la elaboración de espumosos o se ocupa de la bodega Avtandil Bedenashvili, que está levantando en Kajetia con una familia georgiana amiga. Pütz, que no firma como propietario (bajo el nuevo gobierno, los extranjeros no pueden comprar tierras), vende sus vinos sólo en Georgia y es proveedor de Alemania y Suiza.

Este tipo de cooperación revela el modo de ser de los georgianos: según el dicho, “los huéspedes son un regalo de Dios”. Así lo ha sentido la estudiante Lisa Treutmann, de 24 años. Oriunda de Stuttgart, en 2014 pasó tres meses y medio haciendo prácticas en la casa Schuchmann. Lo resume entusiasmada: “La crianza en ánforas me ha fascinado. El paisaje es fantástico. Pero la hospitalidad lo supera todo. En muchas casas me han recibido con los brazos abiertos”. A la hora de regresar a su país, lloraba a lágrima viva.

 

 

Las bodegas top de Georgia de un vistazo

 

Bodega Avtandil Bedenashvili
Pequeña bodega en Kardenakhi (Kajetia), en la que colabora decisivamente el alemán Hilarius Pütz, buen conocedor de Georgia. Actualmente, entre otras cosas, vinifican un blanco concentrado y lleno de emoción con crianza en qvevri llamado Tsarapi (variedad Rkatsiteli) y un tinto de Saperavi jugoso y con perfume de picotas.

 

Alaverdi Monastery
Finca monacal cerca de Telavi que durante mucho tiempo estuvo prácticamente sepultada y ahora ha sido reconstruida bajo la dirección del obispo David, arquitecto de carrera. Según las crónicas, allí se cultivaba vino ya desde el año 1011. La primera añada de la nueva época fue la de 2006. Según informa el monje vinicultor Gerasim, de 37 años, la mitad de la producción se elabora en qvevri y el resto en algunas barricas que les donó la cercana bodega Badagoni. Algunos de los vinos son convincentes, aunque a veces requieran habituación. Nuestros favoritos: el Saperavi Qvevri, concentrado y castizo, y el muy temperamental aguardiente, que en Georgia se denomina chacha. www.since1011.com

 

Badagoni
Bodega fundada en Kajetia en 2002 con 350 hectáreas de cepas propias que ha ido mejorando sus capacidades. Es propiedad de un grupo de inversores georgianos con buenos contactos en Italia, y el enólogo italiano Donato Lanati les ayuda con regularidad. Parte de los vinos se elaboran en barrica y los qvevri no son un tema importante. Los vinos blancos están muy marcados por los taninos y los tintos son más potentes (Mukuzani), incluidos los de las variedades más frutales, Kindzmarauli y Khvanchkara, y el aguardiente (chacha), de fina aromática. www.badagoni.com

 

Bagrationi 1882
El vestíbulo de entrada de esta bodega de Tiflis está inspirado en la sede de Henkell en Wiesbaden, sólo que esta empresa puntera georgiana, con sus apenas dos millones de botellas, claramente vende menos que el gigante alemán del espumoso. El alemán Hilarius Pütz, que dirigió la casa hasta finales de 2014, tuvo que improvisar bastante para alcanzar un sólido buen nivel. Convincentes son las versiones brut Finest y Reserve. www.bagrationi.ge

 

Kindzmarauli Marani
Fundada en 2003, esta bodega se halla apartada de la civilización, en medio de las viñas. El marido de la propietaria, Julia Khoperia, fue un médico famoso del Kremlin. Y Temhri Gonjilashvili, gerente hasta agosto de 2014, ha hecho un buen trabajo y ahora está centrado en la fundación de otra bodega. Sobre todo los tintos son imponentes. Su sucesor, Lado Uzunashvili (antes GWS/Pernot Ricard y Château Mukhrani) trabaja tanto con qvevri como de manera tradicional. Paralelamente, está instalando con su hermano una pequeña bodega (Mukado). Su meta allí es hacer, entre otros, un vino georgiano de culto hecho con Saperavi.

 

Château Mukhrani
En el siglo XIX el precursor de esta finca pertenecía a la familia real: Ivane Mukhranbatoni, conocido de los Rothschild que importó ideas bordelesas a Georgia. La finca en Mzcheta, al oeste de Tiflis, permaneció destruida durante mucho tiempo. Ahora la bodega ha vuelto a funcionar y se está restaurando el palacio. Un 80 por ciento pertenece al sueco Frederic Paulson, que con su empresa farmacéutica Ferring se cuenta entre los grandes del ramo. Su hombre de confianza sobre el terreno, el francés Jacques Fleury (que recuperó la marca tradicional de agua mineral georgiana, Borjomi), de vez en cuando tiene que oír a Paulson afirmar que con el dinero invertido en Georgia podría haber comprado cuatro châteaux en Burdeos. A lo que él responde: “Allí sólo se puede ser uno entre miles. Pero Mukhrani es único”. Dos enólogos se ocupan de mantener el nivel de excelencia. Y excelentes son los vinos de la línea Réserve du Prince, hechos con la variedad blanca Goruli Mtsvane y la tinta Saperavi. www.chateaumukhrani.com

 

Schuchmann Wines
Poco antes de jubilarse, el gerente industrial alemán Burkhard Schuchmann inició en 2006 una inversión valiente, que además sufrió un parón durante el periodo de guerra con Rusia. En 2010 consiguió inaugurar por fin esta bodega cercana a Tiflis. Se trata de un proyecto en común con el experto vinicultor George Dakishvili, que aporta gran experiencia en el manejo de los qvevri. La finca integra también un restaurante y un pequeño hotel gestionado por el joven de 31 años Roland Burdiashvili, que estudió Ciencias Empresariales del vino en Heilbronn. El inversor Schuchmann, a sus 73 años, puede estar orgulloso del nivel alcanzado. www.schuchmann-wines.com

 

Tbilvino
Los hermanos Zurab y George Margvelashvili se hicieron cargo en 1998 de la entonces debilitada bodega Tbilvino en Tiflis y en los últimos años no sólo la han convertido en puntera de la exportación, sino que además acaban de construir una bodega de recogida nueva por cuatro millones de dólares y han eliminado los chips de roble –que aún se utilizaban en 2003–, imponiendo en su lugar la vinificación en barricas de Francia y en qvevri. A la calidad del vino le ha sentado bien. Sus puntos fuertes son los Mukuzani Reserva Especial y el Saperavi Reserve. www.tbilvino.com.ge

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