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Burdeos 2005. Un año de récord

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Sequía extrema, altísimos niveles de acidez, taninos, alcohol; precios más allá del bien y del mal: la última añada de Burdeos bate todos los récords. Texto: Rolf Bichsel Cada cosecha de Burdeos es una nueva aventura. Pero en estos últimos tiempos, nunca habían sido tan asombrosas las muestras de barrica, ni más complejas las circunstancias, hasta el punto de que el resultado elude cualquier comparación. Desde el punto de vista técnico, el año 2005 ha dado resultados excelentes en todas las regiones y todos los tipos de vino, tanto tintos como blancos o dulces. Hacía tiempo que una cosecha no despertaba tanto interés a nivel mundial como la de 2005; especialmente los americanos quieren comprar, y eso es lo que harán. A finales de abril, al escribir estas líneas, aún no ha salido al mercado ningún vino importante, pero entre bastidores ya se están preparando para unos aumentos de precio de entre el 30 y el 100 por ciento. A pesar de ello o quizá precisamente por ello: 2005 es una añada para la especulación, en la que merece la pena invertir si se está dispuesto a aceptar las reglas de este póquer. A diferencia de las últimas añadas muy caras de Burdeos, como 2003 y 1997, esta vez el contenido merece la pena: por esta razón los vinos aumentarán de valor, incluso a lo largo de décadas. El que busque vinos para beber y no para especular, tampoco se quedará con las manos vacías. Encontrará suficientes fincas en el sector intermedio, que embotellarán vinos excelentes a precios razonables. Puede comprarlos “en primeur” o embotellados y por botellas, pero en cualquier caso merecerá la pena. Ni siquiera tendrá que renunciar a los grandes nombres en la bodega. La de 2004 será una cosecha olvidada (y también la de 2006, pues el sistema actualmente no puede soportar dos añadas caras seguidas), cuyos mejores representantes, en su estilo clásico de línea elegante, no tienen nada que envidiar a 2005. Y además, aún quedan en el mercado suficientes vinos de 2001, 2002 ó 1999, un año considerado de menor nivel, que actualmente ofrece el mayor disfrute. Seco como la mojama De vuelta al año 2005. Seco fue el invierno, seca la primavera –con excepción del mes de abril–, muy seco el verano y la vendimia se llevó a cabo con unas condiciones climatológicas magníficas. Se pudo esperar todo lo que se quiso para recoger la uva, pues apenas alguna nubecilla enturbió el claro cielo hasta bien entrado el mes de octubre. Las cepas reaccionaron a la prolongada sequía de modo distinto según el terruño, pero por lo general, con sorprendente serenidad: a diferencia de 2003, la maduración no se detuvo en verano, las plantas dejaron de producir hojas espontáneamente, la escasez de agua hizo que las uvas no crecieran mucho, por ello el volumen de cosecha se situó muy por debajo del vendimiado en 2004 y, gracias a las temperaturas cálidas pero no excesivamente calurosas y las noches relativamente frescas, la maduración fue avanzando sosegadamente hasta llegar al punto óptimo. Quien haya vendimiado en 2005 vinos con taninos verdes, debería plantearse seriamente cambiar de oficio. Maduros estaban los hollejos, maduras las pepitas, elevado el porcentaje de taninos, sorprendentemente alta la acidez y los niveles de azúcar han sido tremendos, situándose por encima de todo lo que se había cosechado hasta entonces en Burdeos. El potencial aromático de las uvas ha sido respetable, circunstancia que, por suerte, en el vino terminado no se ha traducido en notas de especias y bayas muy maduras, sino por el contrario en sutiles perfumes de rosa, violeta, lilas y frambuesas, que son los aromas de añadas con escasa maduración. Entonces, ¿se trata de una añada de ensueño? Eso parecería, si no fuera por… Toscana-sur-Gironde …si no fuera por el elevado contenido de alcohol, que llama desagradablemente la atención en algún que otro vino. Aunque hay que decir que nunca nos hemos equivocado tanto en la estimación de los grados de alcohol como en 2005. Por su riqueza en taninos y su considerable acidez, muchos vinos de 2005 integran muy bien el alcohol, que con frecuencia se sitúa sólo un poco por debajo del 14 por ciento. Al fin y al cabo, el alcohol se ha producido de manera natural, sin poner en marcha el concentrador, que se va empolvando arrinconado en la bodega, ni echando mano del saco de azúcar; los únicos que pueden quejarse del año 2005 son los productores de remolacha azucarera. Pero si a los vinos les falta cuerpo, un contenido de alcohol de tan sólo un 13 por ciento puede resultar desagradablemente protagonista. Los vinos Merlot han alcanzado valores que a menudo casi llegaban a tocar el 15 por ciento de volumen, la Cabernet ha llegado de modo natural a un 12,5 hasta 13 grados: ¡Son condiciones verdaderamente italianas! A pesar de todo, por lo general los vinos han fermentado bien y rápidamente, como mucho ha habido algún que otro problema con la reducción biológica de los ácidos. A propósito de Italia: prácticamente ha sido imposible evitar en este año la comparación con los vinos de la bota. Unos valores de azúcar natural elevados, el pH alrededor de un 3,6 por ciento, bastante bajo para un vino tinto de Burdeos de una añada madura, una cantidad récord de taninos, pero aromas increíblemente frescos, minerales, florales y frutales: ¡Si esto no recuerda a la Toscana! Para envejecer mucho tiempo Cierto es que nos falta experiencia con este tipo de vinos. Pero con ese contenido de alcohol, esa riqueza en extracto y esa acidez, en realidad deberían madurar muy serenamente y se podrán guardar en la bodega mucho más tiempo de lo que pueda expresar nuestra prudente indicación de madurez para beber. No obstante, es probable que no permanezcan cerrados eternamente, porque a pesar de su extraordinaria concentración, poseen una cierta armonía que, por otra parte, se expresa más en términos de casta que en elegancia y finura, rasgos que muchos vinos sólo alcanzarán en el último tercio de su larga vida. Por ello, quien deposite en la bodega de guarda vinos de Burdeos de 2005, deberá ser consciente de que se trata de una añada muy individualista en lo que respecta al estilo, que en ningún caso es de vinos clásicos y elegantes. ¿Cabernet o Merlot? Los Cabernet-Sauvignon de las regiones situadas en la orilla izquierda (Médoc, Graves) han resultado increíblemente hermosos, eso es un hecho. Así pues, la mayoría de las fincas vinícolas ha elevado el porcentaje de Cabernet en la mezcla. La Merlot, aunque ha madurado poderosamente, en cierto modo le faltaba nervio, y su exceso no sólo habría vuelto los vinos más pesados, sino también habría catapultado el alcohol más allá de las fronteras de lo soportable. En las zonas de la orilla derecha, por el contrario, la Merlot ha resultado excelente, aún mejor que la Cabernet Franc, aportando así el frescor necesario. Aunque a muchos vinos de Saint-Émilion les falte un poco ese frescor y el alcohol llegue a ser molesto aquí y allá, los mejores vinos saben gustar en su estilo Bolgheri. En cambio, son raros los Saint-Émilion elegantes, con excepción de Cheval Blanc, el mejor vino de los últimos tiempos (absolutamente imprescindible) y el fabuloso Canon. En Pomerol, en general, los vinos son mejores que nunca desde el año 2000, también en este caso al estilo de los maduros, poderosos y ricos en extracto. En algunos casos domina el alcohol, cosa normal si se tiene en cuenta que el porcentaje de Merlot es de 90 y más. Los Pessac-Léognan se califican cerrados y buenos, tanto los tintos como los blancos secos. Pura alegría es lo que reina en el Médoc. Tanto los bourgeois como los clasificados tienen notas muy altas. La Apellation Margaux hace difícil la elección de los mejores vinos, que se presentan con frescor y casta. Château Margaux es el mejor vino del año (no otorgamos 20 puntos precisamente por casualidad, especialmente a vinos “en primeur”). Aunque en Saint-Julien no hay grandes sorpresas (exceptuando el sobresaliente Léoville Barton, lo cual no es ninguna sorpresa), tampoco hay grandes decepciones. Detrás de los premiers crus de Pauillac, se atropellan los perseguidores, con los dos Pichon y el maravilloso Lynch Bages. En Saint-Estèphe, Cos d’Estournel, Calon Ségur y el sobrecogedor Phélan Ségur dejan muy atrás a todos los demás vinos. En el Médoc hay que subrayar especialmente que, a pesar del estilo marcado de la cosecha de 2005, todos los crus representan muy bien su terruño y su singularidad: el espectro de expresión y carácter es considerable. Y por último, pero no por ello menos importante: también los vinos de Sauternes/ Barsac son muy logrados, se han beneficiado de un clima ideal con una buena y rápida botritis. Aunque puede que les falte algo de profundidad y carácter especial, gracias a su frescor y su estilo accesible, serán pronto agradables de beber y madurarán bien. ¿Comprar o comprar? Nadie que haya salido del armario como amante del vino de Burdeos podrá eludir la añada de 2005. Dependerá tan sólo de su bolsillo si compra y cómo compra, y de sus preferencias personales. Los vinos se ofrecerán en las próximas semanas. Los precios superarán todas las expectativas, pero la inversión es tan segura y provechosa como ninguna otra inversión. En las páginas siguientes encontrarán notas de cata sobre muchos vinos recomendables. Barbara Schroeder y Rolf Bichsel han valorado alrededor de 600 vinos en una gira de cata especialmente preparada para nosotros. Agradecemos a todos los implicados la perfecta organización. Recuerden que se trata de notas de cata sobre muestras de barrica que aún deberán ser elaboradas alrededor de un año, y en ningún caso de vinos terminados y embotellados. Sólo publicamos las catas que han obtenido una puntuación de 16 o superior. Lo mejor de lo mejor Para el vino, las listas de rango valen lo que valen, es decir, prácticamente nada. Pero si todos se divierten con ellas, nosotros no queremos privarnos y publicamos aquí nuestra lista personal de los diez mejores.: 1. Château Margaux 2. Château Haut Brion Château Cheval Blanc 4. Château Léoville Barton 5. Château Canon 6. Château Latour Château Pétrus 8. Château Mouton Rothschild 9. Château Lafite Rothschild 10. La Mission Pape Clément Cos d’Estournel

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