- Laura López Altares
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- 2025-03-08 00:00:00
Aunque su historia sea probablemente la más desconocida de entre todas las ciudades portuarias que reinaron en el comercio del vino, nos lleva con sus míticos 'mountain wines' de la mesa de Beethoven a la corte de los zares.
E l destino de la reina del Mediterráneo, Malaka, como la bautizaron sus remotos pobladores fenicios en honor a la diosa Noctiluca o Malac (protectora de los navegantes), ha estado unido al mar y al vino desde el principio de su historia.
Fueron los fenicios quienes empezaron a cultivar la vid y a elaborar vinos malagueños ya en el siglo VIII a.C, y los primeros en comerciar con ellos por todo el Medirerráneo. Griegos y romanos continuaron con este legado, convirtiéndola en la "princesa de las costas" que estaba llamada a ser –como la describió Juan de Ovando y Santarén en Ocios de Castalia–: "Las singulares bondades de la tierra impulsaron en estos siglos un activo comercio desde la bahía de Málaga hacia los principales puertos mediterráneos, entre ellos la capital del Imperio: Roma. Desde aquí se exportaron vino, aceite, almendras y diversos frutos, cereales y salazones y sobre todo el famoso garum malacitano", exponen en la web del Puerto de Málaga.
Otro momento decisivo en la historia de este puerto llegó tras la Reconquista, cuando se impulsaron las actividades mercantiles: "Intenso era el tráfico en la vendeja, periodo centrado en los meses de septiembre y octubre en el cual numerosas naves llegaban a este puerto a cargar la pasa, el vino y otros productos agrícolas". En aquellos tiempos también se constituirían las primeras ordenanzas del vino de Málaga a través de la Hermandad de Viñeros, reconocida por los Reyes Católicos a petición de los Señores de las Viñas.
"El puerto de Málaga ha sido muy activo en términos de exportación de vinos desde la época de al-Ándalus, donde ya se establecieron redes comerciales significativas porque era el puerto más importante del reino nazarí; y durante el periodo de los Reyes Católicos, después de la conquista, porque tuvimos un intenso comercio con América desde el puerto de Málaga. Aunque realmente cuando llega a su mayor esplendor es a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Hubo una explosión en el comercio de los vinos y las pasas en Málaga, y después de la vendimia había un centenar de barcos en el puerto", cuenta Victoria Ordóñez, la apasionada elaboradora que está recuperando la memoria de los Montes de Málaga a través de su Pedro Ximénez.
"Los Pedro Ximénez de los Montes de Málaga, conocidos como mountain wines, eran los vinos más populares que existían –afirma–. Y también se encontraban entre los más caros del mundo. Nosotros exportábamos vinos a toda Europa, a América, a China... Y yo lo que he hecho ha sido recuperar los vinos tranquilos secos que tanta fama mundial nos dieron, aunque hay que tener en cuenta que para las exportaciones se encabezaban con alcohol vínico".
Victoria destaca como inspiración para su proyecto al historiador y enólogo Cecilio García de la Leña (seudónimo de Cristóbal Medina Conde), que en 1792 escribió una completa Disertación en recomendación y defensa del famoso vino malagueño Pero Ximén y modo de formarlo. En esta curiosísima obra, defiende "la bondad y pureza" de este vino frente a las elaboraciones adulteradas "con aguardientes y otros mixtos" que disfrazan "aquella fragancia natural malagueña". En el capítulo dedicado al Pero Ximén puro y legítimo describe cómo debería elaborarse el vino "más excelente y generoso de nuestra Península", y también hace referencia a su importancia económica: "Siendo uno de los ramos más principales de este puerto famoso, de cuya exportación, tanto interior como exterior, saca muy considerables sumas el erario de nuestro soberano, y todos los comerciantes".
Durante la Ilustración, Málaga consiguió recuperar la autorización para comerciar con "las Indias" y, como recuerdan desde la web de Turismo, se construyó el Paseo de la Alameda, "símbolo urbanístico de los nuevos tiempos. El comercio era la fuente principal de riqueza y los mercaderes extranjeros dominaban el panorama español. La gran obra del puerto, así como los caminos de Antequera y Vélez, fueron la infraestructura ineludible para que los vinos malagueños figuraran en la mesa de la emperatriz de Rusia".
Personalidades como Dostoievski, Beethoven o Dumas también sucumbieron al fragor de los mountain wines, que cambiarían para siempre el alma y la piel de la ciudad de Málaga: "La arquitectura que tenemos también es fruto del vino. Málaga ha sido la última de las denominaciones de origen históricas que ha permitido establecer las bodegas fuera de la capital. Entonces, el vino se elaboraba en los Montes de Málaga, que es donde estaba la viña y esos lagares tan peculiares decorados con motivos mitológicos; luego, bajaban en noviembre a las bodegas, donde hacían la crianza y se añadían el arrope, el alcohol, etc. También había un centenar de tonelerías solo en el parrio del Perchel, y hasta la imprenta entró en auge en torno al sector vitivinícola", explica Victoria Ordóñez.